
Todo salía como había pensado, pero justo en el momento en que iba a llamar...
-Señor!!! Usted no debería estar aquí. Haga el favor de bajar..
Así que me subí el cuello del abrigo, metí mis manos en los bolsillos y bajé refunfuñando por la escalera... desde entonces han habido 96 lágrimas, pero ni una más...
He conseguido mi propia mística. Tu me enseñaste que la habitación 205 es aquella que abres la ventana y puedes ver el mar... Gracias.
Y todas caben dentro de un pequeño frasco de jabón...